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22 oct 2008

Madre & Hijo.

No tengo mi computadora, así que debo el final del Me-Me para cuando la recupere. En su lugar, Madre & Hijo.





-Mamá.
-¿Qué pasa?
-Te voy a preguntar algo, pero quiero que me respondas con la verdad.
-Siempre te digo la verdad, hijo.
-Bueno, voy a preguntártelo entonces.
-Bueno.
-¿Lista?
-Sí.
-Ahí va.
-Bueno.
-¿Soy adoptado?
-Jajaja, ay, ¿de dónde sacaste semejante idea?
-Soy dos meses mayor que vos.
-Ah, pero por eso nada más.
-Y sí.
-Pero eso tiene una explicación perfectamente lógica.
-¿Qué me vas a decir? ¿Que acaso el abuelo era tan potente que al mismo tiempo que embarazó a la abuela de vos, te embarazó a vos de mí?
-Exacto.
-Apa. ¿O sea que el abuelo es mi papá?
-Y sí.
-Y entonces, ¿ese que está en el sillón leyendo el diario quién es?
-Un cactus.
-Ah. ¿Me preparás un Nesquik?
-¿Con azúcar?
-Sí.
-Bueno, pero dame un beso.
-Muá.
-Andá a tu cuarto que cuando esté listo te llamo.
-Gracias, mamá.
-De nada, hijo.

16 oct 2008

Ruben & Oscar.

–¿Sí?
–Hola, qué tal, ¿usted es Rubén?
–Rúben.
–¿Cómo?
–Rúben. Rúben.
–Ah, cómo le va, yo me mudé recién al 5º C.
–Ah, sí, sí. Óscar, ¿no?
–Oscar.
–Sí, sí, Óscar.
–Oscár. En fin, yo venía para hacerle una consultita.
–Dígame.
–Bueno, resulta que estaba mirando y me parece que hay un problemita con la tubería qu... ¡CAPOM!
–¿Qué hace?
–Nada, nada.
–¿Por qué gritó así?
–No, no importa. Le decía que...
–No, ahora dígame.
–Bueno, quería ver si venía alguien si yo hacía un ruido muy fuerte.
–¿Por?
–Tengo pensado matarlo el martes que viene y quiero ver si alguien va a escuchar el disparo.
–Ah. ¿Quiere que esperemos a ver si viene alguien?
–¿No le molesta?
–No, por favor, hombre.
–Le agradezco.
–...
–...
–...
–¿Habrá pasado un minuto ya?
–Me parece que sí.
–Es tiempo suficiente para huir, ¿no le parece?
–Tranquilamente. Agarra por la escalera y para cuando me encuentren muertito usted ya puede haber tirado el arma y todo.
–Qué bueno, le agradezco.
–Por favor, es mi trabajo.
–Bueno, si le parece bien entonces, voy a venir el martes que viene que me llega el arma que encargué.
–¿No podría ser el miércoles?
–Mmmm... se me complica un poquito, tenía planes para ir al cine.
–Pero tempranito véngase, que mi señora sale. Lo que pasa es que el martes juega River y tenía ganas de verlo.
–Ah cierto, bueno, lo dejamos para el miércoles entonces.
–Perfecto, ¿qué me decía de la tubería?
–Ah, no, no es nada. Voy a esperar al portero que lo reempace a usted.
–Bueno, cuídese entonces.
–Usted también, nos vemos el miércoles. Chau Rubén.
–Chau, Óscar.

13 oct 2008

Marisa & Adriana.

–¿Hola?
–Hola… ¿Caro?
–No, ya te paso.
–No, pará, ¿Marisa?
–Sí.
–Soy Adriana.
–Ah, Adriana, ¿cómo andás? Pensé que era para mi hija.
–Bien, bien. Sí, ¿no? Jaja. No, llamaba por Eduardo. ¿Está?
–No, se fue a llevar a la madre a la guardia del hospital.
–¿Pasó algo grave?
–No, nada. Vos sabés cómo es la vieja... estem... no me sale la palabra...
–Una rompe bolas.
–Además, jaja. No, eso que siempre piensan que están enfermos.
–Ah sí sí. No me acuerdo, pero sí, te entiendo. ¿Y ahora qué tenía?
–Nada, un dolorcito en el pecho. Pero a Eduardo le da pena porque está sola y le sigue el juego siempre.
–Este marido tuyo, no corta el cordón umbilical eh.
–Y sí, viste como son los hombres.
–Che, ¿y dijo a qué hora volvía?
–Y no, pero calculale que media hora más. ¿Querés que le deje algo dicho?
–No sé, me parece que esto tendría que decírselo en persona.
–Ahora me das curiosidad.
–Bueno, ya fue, tengo ganas de contárselo a alguien: Estoy embarazada.
–¿En serio? ¿Estás contenta?
–Muy contenta, la verdad. Ya pensé que no se me iba a dar. Ya estaba eligiendo un perro, jaja.
–Jajaja, che mirá que bueno, me alegro mucho por vos. ¿Y quién es el padre?
–Tu marido.
–¿Eduardo?
–Sí.
–No sabía que se seguían viendo.
–No mucho, viste, ahora que está de gerente regional no aparece nunca. Pero a veces cuando está podrido de vos viene.
–Mirá vos, che. Se va a pegar un alegrón cuando se entere.
–¿Vos decís?
–Pero más bien. Sabés lo que le gustan los nenes. Y yo ya no puedo tener más por lo del linfoma.
–Sí, me comentó. Una pena.
–No, igual para mí con las dos nenas es suficiente.
–Claro.
–¿Seguís viviendo en el departamento de Drago?
–No, me mudé por Dorrego. Una casa de dos dormitorios. Está linda. Tiene jardincito.
–Qué bueno. ¿Linda zona?
–Sí, muy linda, la verdad. ¿Vos no sabés si Eduardo no querrá mudarse conmigo?
–Y, no creo, la verdad. Al menos hasta ahora nunca me tiró la onda de separarnos.
–¿Y a vos no te dan ganas de separarte ahora que él va a tener un hijo conmigo?
–No, yo estoy bárbaro. Además, qué voy a hacer sola a esta edad. Jaja.
–Jaja, y bueno, yo tenía que preguntar.
–Jaja, obvio, si no preguntás no sabés.
–Lógico, jaja. Bueno, Marisa, te dejo.
–Bueno, macanudo, cuando llegue le digo a Eduardo que te llame.
–No le digas que estoy embarazada, eh.
–No, no, obvio, te dejo la primicia, jaja. Bueno, che, cuidate. Y felicitaciones.
–Gracias, chau chau, cariños para todos.
–Igualmente, chau.