¡!El post que va a leer a continuación es la última parte de dos anteriores y es malísimo. Malísimo. No lo lea. Falta a la realidad y es poco original. Está escrito por una persona que no tiene imaginación, gracia, ni inteligencia. El Rial de los bloggers. Una persona aburrida, mentirosa, patética, con mal aliento, el pito chico y que lame las migas del piso de los budines deliciosos. Repito, no lo lea. Lo único que hace el autor es tergiversar la realidad para humillar a los otros y quedar siempre bien parado. No lo lea.
En la foto, Estornudo corta el limón para el tequila.
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Llegamos al bar y pedimos tequila a sugerencia mía e insistencia de Alejandro the Wyvern. El vaso de tequila estaba a unos desorbitantes veintidós pesos, pero es la única bebida alcohólica que me gusta tomar (porque se toma rápido y el limón sabe bien después). Pali se opuso en un principio pero finalmente cedió. El bar, más que un bar, era un café. Tenía todas las luces prendidas y en el mismo piso que nosotros sólo estaban dos extranjeros, demasiado cerca. El vaso que llegó era el equivalente a unos dos shots o dos shots y medio, así que lo dividimos en tres shots. Además, trajeron limones, hielo, papas, palitos y unas cucharitas largas que no usaríamos. Varias veces cambiamos de asiento, entre que Dama de Sangre fumaba y Pali es asmática (o algo así) y Pali iba al baño a mojarse la cabeza. Pasó la primera ronda (tres tequilazos) y Alejandro se ofreció a pagar caballerosamente la segunda. Y acá la cosa se vuelve subjetiva. Dama de Sangre fumaba, hablaba por radio y comentaba de tanto en tanto que tomar alcohol la hacía ponerse cachonda. Pali contaba anécdotas de colegio, de cuando descubría su cuerpo. Y ambas parecían más interesadas por mis silencios que por la insistencia de Alejandro the Wyvern por llevar la conversación hacia lo sexual, incluyendo su falta de placer en el sexo últimamente. En un momento quedé sentado muy pegado a Pali que dejaba descansar su cabeza sobre mi brazo estirado (¿esto está ocurriendo?) y ambas aceptaron en la boca los hielos que les ofrecí (¿esto está ocurriendo?). Alejandro quiso una tercera ronda, pero desistió cuando el mozo dijo que cerraban. Se salvó porque veintidós pesos salía cada vaso y no los cuatro como él creía. Tuvimos que poner un poco de plata para que él invitara la segunda ronda.
Salimos del bar, Dama de Sangre planeaba irse a con otros amigos, pero a insistencia de Alejandro the Wyvern nos invitó a su pensión. Yo guardaba silencio. Viajamos en taxi. El viaje en taxi más gracioso que hice en mi vida. Durante el viaje hasta Palermo, Pali imitó los doblajes de los programas de desastres. Todos nos reímos, incluso el taxista. Yo me sentaba detrás del asiento del acompañante, donde estaba Dama de Sangre. Pali estaba sentada al lado mío, bien pegada. En un momento, Dama de Sangre giró para conversar e, intencionada o inintencionadamente, dejó caer su mano sobre mi rodilla (¿esto está ocurriendo?).
Nos acostamos en la cama en este orden: Alejandro the Wyvern, Pali y yo. Dama de Sangre daba vueltas haciendo no sé bien qué. Alejandro insistía con ciertos temas (por ejemplo, Eddie Vedder, nombrado unas ocho veces), lo que parecía provocar irritación en Pali. Agarré algo que había escrito Dama de Sangre y empecé a leerlo. Era una historia personal. Muy triste. Pero de esa tristeza resignada. Apagué la luz y nos acostamos. A mi izquierda, apoyada sobre mi brazo, Pali. A mi derecha, apoyada sobre mi pecho, Dama de Sangre (¿esto está pasando?). ¿Y ahora qué hago? Pali me cae mejor, pero Dama de Sangre está mejor, pero Pali no está nada mal, pero Dama de Sangre se pone cachonda cuando toma alcohol. ¿Puedo elegir o me estoy comiendo cualquiera?
Antes de apagar la luz, Dama de Sangre había contado historias de su último trabajo, en un video chat erótico. Entre otras cosas contó cuando vio a un gato morir tras ser violado, una mujer discapacitada llorando porque su esposo quería humillarla por webcam y gente que se cortaba. A mi se me revolvía el estómago. También hablando de su trabajo como modelo, había comentado que no podía sacarse fotos de las piernas porque tenía cicatrices por heridas autoinfligidas. En la muñeca derecha tenía dos cicatrices pequeñas.
Giré la cabeza hacía Pali y esperé haber qué hacía. Ella se acomodó un poco, yo me acomodé mejor y nos besamos. Pero no era un beso completo. Con Dama de Sangre sobre mi pecho no podía moverme demasiado y no quería hacer mucho ruido porque estaba convencido de que a Alejandro le gustaba Pali.
En un momento, Alejandro the Wyvern se levantó apurado y se metió en el baño. Aproveché el momento para salir de la cama e irme a acostar al piso. Por suerte, Pali me siguió y retomamos donde habíamos dejado, pero más cómodos. Ahora sí, por primera vez, besaba un chica con aparatos. Quise ir por más, pero ella me detuvo con la mano. A los pocos minutos la cama empezó a crujir. Alejandro the Wyvern y Dama de Sangre estaban en la misma situación pero más cómodos. En un momento, Dama se levantó, buscó algo en su cartera y se volvió a meter en la cama. ¿Era un preservativo? ¿Esto está realmente pasando? Nada pareció ocurrir, nos besamos un poco más y me dormí. Me desperté una hora después. Pali y Dama de Sangre desayunaban y charlaban. Estuve un rato despierto con el cerebro apagado hasta que decidí irme. Caminamos con Pali y Alejandro the Wyvern hasta Santa Fé. Ellos se fueron para zona sur y yo para zona norte. Nos despedimos con un pico. Con Pali. Con Alejandro no. Por suerte. Llegué a mi casa siete y media y me metí en la cama. Me levanté una hora después, me cambié y me fui a trabajar, llegando tarde, pero, afortunadamente, antes que mi jefe. Once horas después, volví a mi casa. A las 12 me fui a dormir.
Llegamos al bar y pedimos tequila a sugerencia mía e insistencia de Alejandro the Wyvern. El vaso de tequila estaba a unos desorbitantes veintidós pesos, pero es la única bebida alcohólica que me gusta tomar (porque se toma rápido y el limón sabe bien después). Pali se opuso en un principio pero finalmente cedió. El bar, más que un bar, era un café. Tenía todas las luces prendidas y en el mismo piso que nosotros sólo estaban dos extranjeros, demasiado cerca. El vaso que llegó era el equivalente a unos dos shots o dos shots y medio, así que lo dividimos en tres shots. Además, trajeron limones, hielo, papas, palitos y unas cucharitas largas que no usaríamos. Varias veces cambiamos de asiento, entre que Dama de Sangre fumaba y Pali es asmática (o algo así) y Pali iba al baño a mojarse la cabeza. Pasó la primera ronda (tres tequilazos) y Alejandro se ofreció a pagar caballerosamente la segunda. Y acá la cosa se vuelve subjetiva. Dama de Sangre fumaba, hablaba por radio y comentaba de tanto en tanto que tomar alcohol la hacía ponerse cachonda. Pali contaba anécdotas de colegio, de cuando descubría su cuerpo. Y ambas parecían más interesadas por mis silencios que por la insistencia de Alejandro the Wyvern por llevar la conversación hacia lo sexual, incluyendo su falta de placer en el sexo últimamente. En un momento quedé sentado muy pegado a Pali que dejaba descansar su cabeza sobre mi brazo estirado (¿esto está ocurriendo?) y ambas aceptaron en la boca los hielos que les ofrecí (¿esto está ocurriendo?). Alejandro quiso una tercera ronda, pero desistió cuando el mozo dijo que cerraban. Se salvó porque veintidós pesos salía cada vaso y no los cuatro como él creía. Tuvimos que poner un poco de plata para que él invitara la segunda ronda.
Salimos del bar, Dama de Sangre planeaba irse a con otros amigos, pero a insistencia de Alejandro the Wyvern nos invitó a su pensión. Yo guardaba silencio. Viajamos en taxi. El viaje en taxi más gracioso que hice en mi vida. Durante el viaje hasta Palermo, Pali imitó los doblajes de los programas de desastres. Todos nos reímos, incluso el taxista. Yo me sentaba detrás del asiento del acompañante, donde estaba Dama de Sangre. Pali estaba sentada al lado mío, bien pegada. En un momento, Dama de Sangre giró para conversar e, intencionada o inintencionadamente, dejó caer su mano sobre mi rodilla (¿esto está ocurriendo?).
Nos acostamos en la cama en este orden: Alejandro the Wyvern, Pali y yo. Dama de Sangre daba vueltas haciendo no sé bien qué. Alejandro insistía con ciertos temas (por ejemplo, Eddie Vedder, nombrado unas ocho veces), lo que parecía provocar irritación en Pali. Agarré algo que había escrito Dama de Sangre y empecé a leerlo. Era una historia personal. Muy triste. Pero de esa tristeza resignada. Apagué la luz y nos acostamos. A mi izquierda, apoyada sobre mi brazo, Pali. A mi derecha, apoyada sobre mi pecho, Dama de Sangre (¿esto está pasando?). ¿Y ahora qué hago? Pali me cae mejor, pero Dama de Sangre está mejor, pero Pali no está nada mal, pero Dama de Sangre se pone cachonda cuando toma alcohol. ¿Puedo elegir o me estoy comiendo cualquiera?
Antes de apagar la luz, Dama de Sangre había contado historias de su último trabajo, en un video chat erótico. Entre otras cosas contó cuando vio a un gato morir tras ser violado, una mujer discapacitada llorando porque su esposo quería humillarla por webcam y gente que se cortaba. A mi se me revolvía el estómago. También hablando de su trabajo como modelo, había comentado que no podía sacarse fotos de las piernas porque tenía cicatrices por heridas autoinfligidas. En la muñeca derecha tenía dos cicatrices pequeñas.
Giré la cabeza hacía Pali y esperé haber qué hacía. Ella se acomodó un poco, yo me acomodé mejor y nos besamos. Pero no era un beso completo. Con Dama de Sangre sobre mi pecho no podía moverme demasiado y no quería hacer mucho ruido porque estaba convencido de que a Alejandro le gustaba Pali.
En un momento, Alejandro the Wyvern se levantó apurado y se metió en el baño. Aproveché el momento para salir de la cama e irme a acostar al piso. Por suerte, Pali me siguió y retomamos donde habíamos dejado, pero más cómodos. Ahora sí, por primera vez, besaba un chica con aparatos. Quise ir por más, pero ella me detuvo con la mano. A los pocos minutos la cama empezó a crujir. Alejandro the Wyvern y Dama de Sangre estaban en la misma situación pero más cómodos. En un momento, Dama se levantó, buscó algo en su cartera y se volvió a meter en la cama. ¿Era un preservativo? ¿Esto está realmente pasando? Nada pareció ocurrir, nos besamos un poco más y me dormí. Me desperté una hora después. Pali y Dama de Sangre desayunaban y charlaban. Estuve un rato despierto con el cerebro apagado hasta que decidí irme. Caminamos con Pali y Alejandro the Wyvern hasta Santa Fé. Ellos se fueron para zona sur y yo para zona norte. Nos despedimos con un pico. Con Pali. Con Alejandro no. Por suerte. Llegué a mi casa siete y media y me metí en la cama. Me levanté una hora después, me cambié y me fui a trabajar, llegando tarde, pero, afortunadamente, antes que mi jefe. Once horas después, volví a mi casa. A las 12 me fui a dormir.

